jueves, 24 de mayo de 2012

RELATO GRANDES VIAJES:


LA NAO VICTORIA. La primera vuelta al mundo
Autor: Dani González. Guía Terres Llunyanes en África del Este


En un caluroso 10 de Agosto de 1519 zarpaban desde el Puerto de Sevilla cinco embarcaciones capitaneadas por Fernando de Magallanes rumbo a las Indias Orientales. Partían pues 265 hombres, 265 almas aventureras, repartidos en cinco Naos; La Trinidad, La San Antonio, La Santiago, La Concepción y La Victoria, en una expedición que tenia como único propósito encontrar una nueva ruta marítima que llegase a las Islas de las Especias (Islas Molucas). La expedición que planeaba Magallanes era ambiciosa y arriesgada, anteriormente rechazado por los portugueses la propuesta era navegar siempre hacia el Oeste, siempre por mares castellanos, a este lado de la línea de demarcación marítima acordada por los reinos de España y Portugal en el Tratado de Tordesillas. Este derrotero, conocido como Ruta hacia el Oeste, abriría una ruta directa con las especieras orientales, salvando así el monopolio establecido por los portugueses y ofreciendo nuevas oportunidades económicas a los puertos españoles como entrada de tan valiosas bagatelas; pimienta, clavo, nuez moscada y otras diversas especias que se cotizaban a precio de oro en la antigua Europa.
Fernando de Magallanes por medio de Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación, entra en contacto con la corte y finalmente presenta su tan afanoso proyecto al Rey Carlos I. Corrían buenos tiempos para la flota española, tras la gesta de Cristóbal Colón y los despachos procedentes del Nuevo Mundo, se palpaba un ambiente de optimismo y esperanza en toda nueva empresa y expedición. El monarca, por lo tanto, no tarda en aceptar la propuesta que ofrecería riquezas y honor al reino y el 22 de Marzo de 1518 rubrica capitulaciones con el capitán Magallanes en Valladolid.

 Fue una travesía llena de imprevistos y contratiempos, con suertes diversas para las diferentes Naos y sus tripulantes.
Tras zarpar las cinco Naos el 20 de Septiembre de 1519 desde Sanlúcar de Barrameda, la expedición navega rumbo Canarias costeando el continente africano hasta casi llegado el Ecuador, desde donde se lanzaría al gran azul para cruzar el Atlántico con ayuda de los vientos portantes.
Una vez llegado al hemisferio sur y después de abastecer las gambuzas de pertrecho en tierras brasileñas, continuarían la singladura siguiendo la ruta demarcada años antes por Juan Díaz de Solís hasta el Río de la Plata. A partir de esta latitud navegarían hacia lo desconocido, no había mapas, no había cuadernos de bitácora ni testimonios, estaban tan lejos del mundo conocido que ni siquiera tenían leyendas donde aferrarse.

Tras un primer invierno fondeados frente a las costas de la Patagonia, donde tomaron contacto con la etnia amerindia de los Patagones (actualmente conocidos como los Tehuelches) y después de sofocar un intento de motín a bordo de La San Antonio y el naufragio de La Santiago, la expedición parte rumbo sur, hacia el frío y desconocido sur, navegando un mar en arboleda en busca de un paso marítimo que les permitiese llegar al Mar del Sur.
Fue el 21 de Octubre de 1520 cuando Magallanes, tras sortear un laberinto de islotes en una travesía complicada, cruza el tan ansiado paso, bautizándolo como “Estrecho de las Once Mil Vírgenes" siguiendo la onomástica de la fecha, y el cual quedaría por los siglos reflejado en las cartas náuticas como Estrecho de Magallanes.

Frente a los marineros se abría un nuevo e inmenso océano, el Pacífico, llamado así por los suaves vientos y la mar en calma que casualmente encontraron a su entrada… empezaría pues la verdadera odisea. Esta travesía fue durísima, el escorbuto diezmó la tripulación y el animo de los hombres. Acabadas las provisiones, terminaron comiendo serrín y el cuero del palo mayor, previamente remojado y cocido. En cuanto a las ratas de a bordo, todas desfilaron por la cazuela. Los cálculos de Magallanes erraron en la estimación de las dimensiones de este nuevo mar, y pasaron más de tres meses hasta volver a escuchar el grito del vigía en su casi último aliento; ¡Tierra a la vista! 

El 6 de Marzo de 1521 la expedición llegaría a Guam, isla perteneciente al archipiélago de las Marianas, desde donde prosiguieron el viaje hasta que 10 días después hallaran un denso grupo de islas que llamaron "Islas de San Lázaro", siguiendo el santoral del 16 de Marzo al pie de la letra, eran las Islas Filipinas. Magallanes tomó posesión de las mismas en nombre del rey de España y formó alianzas con el Rajá Humabon y el Datu Zula. Sería en la isla de Mactán, un 27 de Abril, donde ocurriría el dramático episodio en el cual Fernando de Magallanes perdería la vida, en una batalla frente a guerreros cebúes comandados por el jefe tribal Lapu-Lapu, quien se negaba a pagar tributo a la corona española y convertirse al cristianismo.


Tras el trágico suceso, Juan Sebastián Elcano tomo el mando de tal empresa. Elcano, hombre de mar y con una gran experiencia en navegación se había granjeado la confianza de Magallanes y hasta la fecha había sido el contramaestre de La Concepción.
Debería ser pues, Elcano quien cumpliera con los objetivos de la expedición y arribar a las Islas de las Especias llevando a buen puerto tan magna aventura.
La tripulación estaba hambrienta, desilusionada y mermada, no había hombres suficientes para navegar las tres Naos que aún seguían a flote, por lo que se tomó la decisión de emprender de nuevo la travesía prescindiendo de una de ellas. Fue La Concepción la que corrió la suerte de ser incendiada intencionadamente por falta de tripulación.


Con Juan Sebastián Elcano al frente de La Victoria  y capitaneando la maltrecha expedición puso rumbo nuevamente hacia el oeste. El 8 de Noviembre de 1521, Elcano y sus hombres llegaron a destino. Habían pasado dos años desde su partida desde España. Elcano fondeó a la entrada de Tidore e hizo disparar toda la artillería. La ocasión merecía el dispendio. A los pocos días de su llegada a la isla, ya ordenó comprar clavo a los indígenas. La transacción resulto provechosa, cambió clavo por algunos espejos, tijeras, cuchillos, gorros y paños de color rojo, que hacían furor entre las gentes de aquellas islas.
El tiempo apremiaba y el capitán se apresuraba por marchar de vuelta a España a sabiendas que la flota del rey de Portugal andaba pisándole los talones y ganando millas poco a poco. Ordenó carenar las naves y poner nuevas velas, sobre las que hizo pintar la cruz de Santiago y la leyenda "Esta es la figura de nuestra buena aventura". El vasco estaba dispuesto a volver a España a cualquier precio, costase lo que costase.
El capitán tubo que dividir la flota, la Trinidad que estaba maltrecha y apenas se mantenía a flote se quedaría en Tidore para su reparación a cargo de Gómez de Espinosa y 54 hombres más , y una vez reparada volvería deshaciendo la ruta por el Pacifico, finalmente y tras un fallido intento la nave volvió de regreso a las Molucas donde se quedaría para siempre.
Elcano a bordo de La Nao Victoria abandonaría las Islas de las Especias a finales de Diciembre de 1521 rumbo sur. La decisión era atravesar el Índico, que en la época pertenecía a Portugal según el inexpugnable Tratado de Tordesillas. Era casi un suicidio, un encuentro con la flota portuguesa supondría el fin del viaje. La Victoria hizo aguada en Timor y, sospechando que los portugueses aguardarían al asecho junto a las costas de Bengala, Elcano trazó una arriesgada singladura: ir desde Timor hasta el Cabo de Buena Esperanza, cruzando el océano por el paralelo 40, los rugientes 40, a miles de millas de la costa asiática.
Lo consiguió y doblado el Cabo de Buena Esperanza, ya sólo restaba remontar el Atlántico Sur sin aproximarse a la costa y tomar los vientos alisios de vuelta a casa. Pero aún quedaría por vivir la última proeza. A la ya consumida tripulación volvía a visitarle el escorbuto, no quedaba agua ni comida, en el horizonte se divisaban las islas de Cabo Verde, por lo que se determinó correr el riesgo y fondear en el archipiélago que era cruce de caminos de todas las derrotas portuguesas. Elcano elaboró un ardid; mintió a los portugueses asegurando que, en realidad, venían de América y que la rotura del trinquete les había desviado de la ruta. Los portugueses creyeron el bulo, pero al día siguiente advirtieron el engaño. El gobernador mandó un esquife para prender al español, pero era demasiado tarde: Elcano ya había largado velas y portado por los vientos alisios solo le restaba un pequeño esfuerzo más para llegar a casa.

Tras tres años de expedición y más de 42.000 millas náuticas, el 6 de Septiembre de 1522, llegaba al Puerto de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, la única embarcación sobreviviente de la expedición, La Nao Victoria, gobernada por Juan Sebastian Elcano y con la compañía de tan solo 17 hombres.
Elcano completaba de esta manera, la mayor hazaña de la navegación de todos los tiempos; la Circunsnavegación del Globo Terráqueo y la Primera vez que se daba la Vuelta completa a la Tierra.
Solo la determinación y la valentía de los 18 hombres que quedaron a bordo de La Nao Victoria hicieron posible que tan gran expedición culminara con éxito y de regreso a casa. El Rey Carlos I, ya nombrado Emperador Carlos V, quedo fascinado por tal proeza, reconociendo y colmando de honores a Juan Sebastian Elcano, al cual concedió un escudo de armas, en cuya cimera se puede observar un globo terráqueo con una leyenda que reza; Primus circumdedisti me –“El primero en rodearme”.

¿Que llevo a estos hombres a embarcarse en tal expedición? A adentrarse en lo más profundo de los océanos por rutas desconocidas, recalando en aquellas Tierras Lejanas aun incógnitas para el Viejo Mundo.
Quizás sea ese espíritu aventurero que todos, de algún modo, albergamos en nuestro interior. Tal vez, esa inquietud y curiosidad por descubrir lo desconocido es la que nos lleva a Tierras Lejanas, allá donde habitan nuestros sueños e incertidumbres.
Navegamos océanos, atravesamos desiertos, escalamos montañas, nos adentramos en lo más profundo de las selvas… descubrimos nuevas culturas, contactamos antiguas tribus ancladas en el tiempo, contemplamos rituales ancestrales… de Norte a Sur, de Oriente a Occidente, la aventura nos traslada a nuevos horizontes.


Ese espíritu es atemporal, se vuelven a repetir las mismas inquietudes e incertidumbres. Toda gran hazaña siempre estuvo, está y estará guiada por un enorme espíritu emprendedor. Con esta máxima, la Fundación Nao Victoria construyó en 1991 una réplica a imagen y semejanza de La Nao Victoria. Y tras su muestra en la Expo’92 de Sevilla, realiza al igual que su semejante, la circunsnavegación del globo terráqueo entre los años 2004 y 2006. En esta travesía la tripulación, ávida de aventura, sigue usando las mismas técnicas de navegación de antaño, sintiendo en sus propios cuerpos la dureza del mar. Se convierten entonces en marineros de época; sus manos cuarteadas por las rudas maniobras de abordo, sus rostros curtidos por el sol y el salitre, sus miradas siempre puestas en el horizonte en busca de nuevo puerto donde arribar.
Las cuadernas de esta nueva Nao Victoria crujen como lo hacían 500 años atrás. Y es que sus tablas resuman historia, una historia que nos habla de la naturaleza más profunda del ser humano. No solo es el viento el que empuja la nave milla a milla hacia Tierras Lejanas, sino el espíritu aventurero de toda una tripulación que anhela revivir la singladura de aquellos hombres que realizaron la que posiblemente sea la mayor hazaña de todos los tiempos; La Primera Vuelta al Mundo.


Esta emblemática nave estará atracada en Port Vell, Barcelona, hasta el próximo mes de Junio. A bordo se puede visitar el contenido expositivo sobre la primera vuelta al mundo y las vivencias de la tripulación que repitió tal hazaña entre 2004-2006. Entre la tripulación habitual de la Fundación Nao Victoria, entidad sin ánimo de lucro, se encuentra nuestro amigo y guía de Terres Llunyanes; Dani (guía de Tierras Lejanas). Quien nos cuenta esta peculiar historia desde la misma cubierta de La Nao Victoria


Un artículo de Dani González
Guía de Terres Llunyanes en África del Este